MARIA ZAMBRANO

 

MARIA ZAMBRANO, la poesía de la razón.

 

(Vélez-Málaga 1904 – Madrid 1991)

Mujer comprometida desde muy pronto, ingresa en la FUE (Federación Universitaria Española) y es miembro de la Liga de Educación Social.

En septiembre de 1936 se casa con Alfonso Rodríguez Aldave, recién nombrado secretario de la Embajada de España en Santiago de Chile, emprendiendo viaje a La Habana donde conoce a José Lezama Lima, al que le unirá una estrecha amistad.

El matrimonio regresa, de Cuba al año siguiente; él para incorporarse a filas, ella, para colaborar con la República como Consejera de Propaganda y de la Infancia Evacuada

El 28 de enero de 1939, María Zambrano parte rumbo al exilio.Cruza la frontera a pie, sin privilegios, del brazo de Antonio Machado. Primero Francia, luego México. Nombrada profesora en la Universidad San Nicolás de Hidalgo, en Morelia conoce a Octavio Paz y a León Felipe.

Publica “Pensamiento y Poesía en la vida española” y “Filosofía y Poesía”

Filosóficamente hablando, María Zambrano es hija del existencialismo.

.En 1981 se le otorga en nuestro país, el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, regresando a Madrid en 1984 tras cuarenta y cinco años de exilio.

Se convierte en la primera mujer a la que se le concede el premio Cervantes de Literatura en el año 1988.

Fallece en Madrid el 6 de febrero de 1991

 

 

 

 

 

 

 

“CLAROS DEL BOSQUE”, MARÍA ZAMBRANO.

“Aparecen con frecuencia las palabras de verdad –palabras de comunión- por transparencia, una sola quizá bajo todo un hablar; se dibujan a veces en los espacios de un texto. Y en los venturosos pasajes de la poesía y del pensamiento aparecen inconfundiblemente entre las del uso. Mas ellas saltan diáfanamente, promesa de un orden sin sintaxis, de la unidad sin síntesis, aboliendo todo el relacionar. Suspendidas, hacedoras de plenitud, aunque sea en un suspiro.

Parece que vayan a brotar del pasmo del inocente, del asombro; del amor y de sus aledaños, formas de amor ellas mismas. Y es al amor al que siempre le faltan. Y por ello resaltan inconfundiblemente cuando en el amor se encuentra alguna; es única entonces, sola. Y por ello palabra de la soledad única del amor y de su gracia”.

“El claro del bosque es un centro en el que no siempre es posible entrar, desde la linde se le mira y el aparecer de algunas huellas de animales no ayuda a dar ese paso. Es otro reino que un alma habita y guarda. Algún pájaro avisa y llama a ir hasta donde vaya marcando su voz. Y se la obedece; luego no se encuentra nada, nada que no sea un lugar intacto que parece haberse abierto en ese solo instante y que nunca más se dará así. No hay que buscarlo. No hay que buscar. Es la lección inmediata de los claros del bosque: no hay que ir a buscarlos, ni tampoco a buscar nada en ellos. Nada determinado, prefigurado, consabido.

“Hay que dormirse arriba en la luz.

Hay que estar despierto abajo en la oscuridad intraterrestre, intracorporal de los diversos cuerpos que el hombre terrestre habita: el de la tierra, el del universo, el suyo propio.

Allá, en “los profundos”, el corazón vela, se desvela, se reenciende en sí mismo.

Arriba, en la luz, el corazón se abandona, se entrega. Se recoge. Se aduerme al fin ya sin pena…”

 

“Lo propio de la acción de la sensibilidad es convertir en vida lo que le toca; en una vida disponible ya para una mayor revelación…”

“Los pasos del hombre sobre la tierra parecen ser la huella del sonido de su corazón que le manda marchar, gozoso, cuando se siente formar parte de un cortejo en el que van otras criaturas humanas y de otros reinos, en serenidad perfecta cuando se siente moverse al par con los astros y aun con el firmamento mismo, y con el rodar silencioso de la tierra”.

“No sólo el lenguaje sino las palabras todas, por únicas que se nos aparezcan, por

solas que vayan y por inesperada que sea su aparición, aluden a una palabra perdida, lo

que se siente y se sabe de inmediato en angustia a veces, y en una especie de alborear que la anuncia palpitando por momentos. Y también se la siente latiendo en el fondo de la respiración misma, del corazón que guarda…

. ¿Y no estará ella señalada por aquellas privilegiadas palabras apenas audibles como murmullo de paloma: “Diréis que me he perdido, -Que, andando enamorada-, Me hice perdidiza y fui ganada”.

!Respirar libre de todo acecho, de todo peso de pasado, sin saber ni sentir el presente que llega a instalarse, por puro que este presente sea, por desligado que parezca. Pues que espera el puro don de ser sin empeño alguno. El don de ser embebido en el don de la vida, ser y vida sin escisión ni diferencia alguna, pues que todo cuitar viene de que ser y vida se le den por separado al hombre.”

“Tiende la belleza a la esfericidad. La mirada que la recoge quiere abarcarla toda al mismo tiempo…Y la belleza en la que luego discierne la inteligencia, elementos y relaciones, se ofrece al aparecer como unidad sensible. Y la mente de quien la contempla tiende a asimilarse a ella, y el corazón a bebérsela en un solo respiro, como su cáliz anhelado, su encanto.

Porque la belleza al par que manifiesta la unidad…se abre como una flor que deja ver su cáliz, su centro iluminado…Y quien se asoma al cáliz de esta flor una, la sola flor, arriesga ser raptado.”

“Algo que solamente puede reconocerse en tanto que se siente, en esa especie, la más rara, del sentir iluminante, del sentir que es directamente, inmediatamente conocimiento sin mediación alguna. El conocimiento puro, que nace en la intimidad del ser, y que lo abre y lo trasciende, el “diálogo silencioso del alma consigo misma” que busca aún ser palabra, la palabra única, la palabra indecible; la palabra liberada del lenguaje.”

“De no tener vuelo el poeta, no habría poesía, no habría palabra.”

“Es lo que sueña. Como todo lo encerrado, sueña el corazón con escaparse, como todo lo encadenado, desprenderse, aun a costa de desgarrarse. Como todo aquello que contiene algo precioso, con derramarlo de una sola vez.”

“Y así esta paz que proviene de sentirse al descubierto y en sí mismo, sin irse a enfrentar con nada y sin andar con la existencia a cuestas.”

 

Fue en Segovia donde María Zambrano descubrió las tres dimensiones de la palabra que actuarían de pilares de su filosofía: la palabra filosófica, de la mano de su padre, un extremeño sabio, de una sabiduría que supo aunar la experiencia vital con la erudición; la palabra poética, de la voz de Antonio Machado, amigo de su padre y compañero en numerosas empresas políticas y culturales de Segovia; y, por último, la palabra mística, a través del contacto con los lugares sagrados que habitó San Juan de la Cruz en esta tierra. Filosofía, poesía y mística, pues, aunados en un pensamiento que nació en Segovia, en “un lugar –nos dice la autora- donde se da el modo de visión que rescata a las cosas y a los seres de la confusión, de la ambigüedad, de las variaciones impresas del roer del tiempo.”   

Fuentes:

       Mercedes Gómez Blesa, de la Introducción a “Claros del bosque”, Cátedra.

Fotografías:

Masao Yamamoto, Boguslaww Stempel y Leszek Paradowki

 

                    

 

Advertisements

2 comments on “MARIA ZAMBRANO

Deixar unha resposta

introduce os teu datos ou preme nunha das iconas:

Logotipo de WordPress.com

Estás a comentar desde a túa conta de WordPress.com. Sair / Cambiar )

Twitter picture

Estás a comentar desde a túa conta de Twitter. Sair / Cambiar )

Facebook photo

Estás a comentar desde a túa conta de Facebook. Sair / Cambiar )

Google+ photo

Estás a comentar desde a túa conta de Google+. Sair / Cambiar )

Conectando a %s