Romance de la Pena Negra

He leído un artículo en un periódico-diario (La Opinión de A Coruña-24/02/2015) titulado “La pena negra” sigue de actualidad. Comenzaba el periodista (Adolfo Gil) con el poema y luego el comentario: Traigo estos versos para que intentemos ver que la pena de Soledad Montoya es desesperada, pero no individual. Les puede tocar un mal día en urgencias sanitarias y, pese a toda la buena voluntad de atenderle como usuario, se encuentre con un colapso que le lleve a la agonía. También puede tener el hígado con hepatitis C y que no le hagan caso, también puede tener riesgo de glaucoma y que no se lo detecten, etc. Comprobamos cómo los que intentan llegar a Lampedusa y a Sicilia huyendo de las hordas que les persiguen caen como moscas en el Mediterráneo. Comprobamos que los supervivientes que intentan llegar a Ceuta o a Melilla, a Algeciras o a Canarias en pleno invierno mueren sin compasión; lo que es peor, algunos llegan y son tratados como ganado sin marcar con la señal a fuego de su propietario.
Seguramente es hora de releer el Romancero gitano, Lorca nos dejó muchas claves del maltrato a los diferentes.

Romance de la pena negra  Romacero

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad, ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota
en las tierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache carne y ropa.
¡Ay, mis camisas de hilo!
¡Ay, mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.

*

Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!

Lee todo en: Romance de la pena negra – Poemas de Federico García Lorca http://www.poemas-del-alma.com/romance-de-la-pena-negra.htm#ixzz3Shf11of5

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